A por el manejo personalizado

  Traumatología y ortopedia

“La EPOC es una enfermedad crónica usualmente progresiva y, como tal, se beneficia de un tratamiento temprano. La mayor parte de los diagnósticos se hacen cuando ya hay una pérdida en la función pulmonar capaz de originar disnea. Poder actuar sobre el hábito tabáquico e instaurar el tratamiento farmacológico correcto, así como programas de rehabilitación o ejercicio, harían que la caída de la función pulmonar fuera menor. Con estas acciones podríamos detener el avance de la destrucción pulmonar y evitar que llegaran a estadios más graves”, explica Carlos Cabrera, neumólogo del Hospital Universitario Dr. Negrín, de Gran Canaria.

En cuanto a los protocolos terapéuticos que se aplican actualmente, Joan B. Soriano, epidemiólogo e investigador senior en el Hospital de La Princesa, de Madrid, comenta que “la pauta de tratamiento se actualiza regularmente, a medida que surgen nuevas evidencias. Se inicia con unas medidas higiénicas universales (abandono del tabaquismo, dieta equilibrada, práctica de ejercicio físico adecuada a la edad y condición de cada paciente, y vacunaciones antigripal y contra el neumococo). Posteriormente, la guía GOLD 2019, en las que ha colaborado SEPAR junto con otras 20 sociedades científicas, recomiendan el tratamiento personalizado, según diferentes parámetros clínicos, fundamentado en el uso de broncodilatadores, antiinflamatorios inhalados y otros fármacos. También se contempla el uso de oxígeno domiciliario, la rehabilitación respiratoria y la cirugía/trasplante pulmonares”.

Control de exacerbaciones

Respecto al abordaje de las exacerbaciones, Francisco García Río, neumólogo del Hospital La Paz, de Madrid, señala que no existe una pauta común a todos los pacientes: “Obviamente, lo más inmediato es la detección precoz y el tratamiento específico de la causa de cada exacerbación para evitar que vuelva a ocurrir. A su vez, en los enfermos con EPOC que presentan un perfil exacerbador se recomienda el uso de corticosteroides inhalados. Con respecto a los broncodilatadores, se ha demostrado que los anticolinérgicos tienen más eficacia en la reducción de exacerbaciones que los agonistas beta-2 adrenérgicos. Un último aspecto, sobre el que no hay consenso general, es la posibilidad de realizar tratamientos preventivos con distintas pautas de antibióticos durante periodos prolongados en enfermos seleccionados”.

Teniendo en cuenta las capacidades de las terapias existentes, ¿se puede hablar de un abordaje individualizado en el caso de la EPOC? “Sí, sin duda”- dice García Río- “Las recomendaciones actuales ya establecen pautas de tratamiento diferenciadas según las características de los pacientes y de la agudización que presentan. El progresivo incremento del arsenal terapéutico disponible facilita la elección de las alternativas más adecuadas para cada caso”.

De la misma opinión es Carlos Álvarez, neumólogo del Hospital Ruber Juan Bravo, de Madrid: “Disponemos de bastantes medicamentos para tratar la EPOC que se prescriben en función de las características del paciente, de forma individualizada. Cuando se evalúa un paciente hay que identificar características o problemas tratables en ese paciente, desde la obstrucción al flujo aéreo, la disnea, la tos y la expectoración, las exacerbaciones, la insuficiencia respiratoria, la hipertensión pulmonar o las comorbilidades. Es decir, que sí es posible individualizar el tratamiento y, de hecho, lo hacemos en la práctica clínica habitual. En el ámbito de los broncodilatadores y fármacos inhalados, se individualiza entre los que precisan una terapia combinada con dos broncodilatadores, o terapia con doble broncodilatador o triple terapia añadiendo el corticoide inhalado. Además, se individualiza, en función de las características del paciente, el tipo de inhalador que es más probable que use correctamente: polvo seco, cartuchos presurizados o su dispensación con cámaras de inhalación”.

Álvarez comenta que en los estudios realizados sobre la adhesión al tratamiento se ha demostrado que más de la mitad de los pacientes no siguen el tratamiento pautado: “Algunos no lo hacen porque no quieren, otros porque se olvidan y algunos, creyendo hacerlo correctamente, no realizan bien la técnica de inhalación, por lo que el fármaco no llega a la vía aérea distal donde tiene que ejercer el efecto. La falta de adherencia no es sólo un problema del paciente; lo es de médicos, de la industria farmacéutica, del sistema sanitario y de la sociedad en general, pues esta falta de adhesión comporta más sufrimiento, agudizaciones, ingresos hospitalarios y mortalidad prematura. Es muy importante facilitar el tratamiento prescribiendo dispositivos fáciles de manejar, intuitivos, que requieran poco flujo para activarlos y que proporcionen un alto depósito pulmonar del fármaco. Combinar fármacos en un solo dispositivo y reducir las dosis es otra forma de facilitar la cumplimentación”.

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