Nuevos fármacos refuerzan el tratamiento de primera línea en cáncer de ovario

  Estomatología

El tratamiento del cáncer de ovario, el quinto más común entre las mujeres y el tumor ginecológico más letal, está cambiando gracias a la introducción de los inhibidores de la enzima poli ADP ribosa polimerasa (PARP).

Tres estudios avalan el empleo de este tipo de fármacos en primera línea con resultados positivos como terapia de mantenimiento. Cada uno de ellos ha analizado a un inhibidor de PARP diferente (niraparib, olaparib y veliparib). Esta tríada de ensayos, cuyos resultados ya se avanzaron en el congreso de la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO) el pasado septiembre en Barcelona, se han publicado en el mismo número de la revista The New England Journal of Medicine (NEJM).

“Los tres inhibidores de PARP han demostrado mejorar la supervivencia libre de enfermedad cuando se emplean después del tratamiento inicial, que incluye cirugía y quimioterapia a base de platino”, afirma en un editorial sobre estos trabajos Dan L. Longo, profesor en la Universidad de Harvard y subdirector de la revista médica.

El oncólogo Antonio González, presidente de la red europea de ensayos de oncología ginecológica ENGOT, e investigador en dos de estos estudios publicados en NEJM, valora a DM que los resultados alcanzados abunden en la utilidad de los inhibidores de PARP como primera línea contra el cáncer de ovario.

Uno de esos ensayos, el estudio con patrocinio académico PAOLA-1, muestra que la adición de olaparib a la terapia estándar de primera línea con quimioterapia y bevacizumab, aumenta de forma significativa la supervivencia libre de progresión de las pacientes con cáncer de ovario (22,1 meses en las mujeres que recibieron olaparib y 16,6 meses en el grupo placebo).

Según destaca una de las autoras de este estudio multicéntrico internacional, Eva Guerra, oncóloga del Hospital Universitario Ramón y Cajal, de Madrid, “el trabajo demuestra una disminución del riesgo de recaída de un 40% en toda la población del estudio”. La especialista refiere que la combinación de olaparib al antiangiogénico bevacizumab parece tener un efecto sinérgico en pacientes de muy alto riesgo, y que “esa asociación no aumenta la toxicidad de los fármacos por separado”.

Además se observó la mayor magnitud del beneficio en dos subgrupos de pacientes: aquellas con mutaciones en BRCA (presente en el 30% de los cánceres de ovario)  y las que presentaban un déficit en la recombinación homóloga.

Nuevo biomarcador

El estado de recombinación homóloga es un biomarcador que se empieza a estudiar en el tumor de ovario y su alteración (déficit), está presente en un 50% del total de estos tumores, apunta Guerra.

Estos resultados vienen a coincidir con lo hallado en otro de los tres ensayos mencionados, el estudio PRIMA, donde se analizó niraparib como terapia de mantenimiento junto a la quimioterapia. En este trabajo, cuyo primer autor es  Antonio González, presidente del Grupo Español de Investigación en Cáncer de Ovario (GEICO), el beneficio del inhibidor de PARP también fue superior entre pacientes con alteración en la recombinación homóloga, independientemente del estado en el gen BRCA.

“Por lo que sabemos estos tratamientos funcionan mejor en las pacientes que presentan un déficit en la recombinación homóloga; en aquellas que no lo presentan no todos los fármacos han mostrado beneficio y en el que lo ha demostrado, es de menor magnitud”, matiza González.

El tercer ensayo, VELIA, demostró, por su parte, un beneficio clínico con la adición del iPARP veliparib a la quimioterapia, como terapia de mantenimiento en mujeres con cáncer de ovario avanzado.

El estudio PAOLA-1, a diferencia de los otros dos, es un ensayo puramente académico, enmarcado dentro de ENGOT y con participación del grupo español GEICO. Como señala la oncóloga: “La colaboración internacional es fundamental para que el reclutamiento de las pacientes en los ensayos clínicos sea rápido y los nuevos tratamientos lleguen de forma más precoz”.

Para González, “el valor que añade el grupo cooperativo en el diseño de los ensayos es que siempre se pone por delante el beneficio del paciente”. El grupo que preside sigue desarrollando y coordinando nuevos ensayos en primera línea en cáncer de ovario, con la participación de unos 50 centros de toda España. “Esto permite a nuestras pacientes acceder a innovación y a nuevas moléculas que pueden cambiar la historia natural de la enfermedad”.

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