“Trabajamos en un ambiente de histeria colectiva en Madrid”

  Traumatología y ortopedia

“Miro poco el grupo de Whatsapp del hospital, porque echa humo”, dice una enfermera de Urgencias de un hospital del sur de Madrid . En su centro hay 11 pacientes con coronavirus ingresados. Ella ha atendido a dos. “Como no tenía ni tos, ni fiebre pues sigo trabajando”.

Los protocolos de actuación van cambiando cada dos horas, denuncia, y reconoce trabajar “en un ambiente de histeria colectiva entre pacientes y también entre profesionales”. ¿Hay falta de material? En contra de la opinión mayoritaria entre sus colegas, considera que “no falta material, pero es que se lo llevan todo”. “¿Lo de las mascarillas? Bueno, eso es alucinante”. Pone un ejemplo muy gráfico: “Aquí los de la limpieza están con la mascarilla todo el tiempo, pero no les lavan los uniformes“.

Mascarilla y guantes son sus armas para recibir a los pacientes que llegan a Urgencias de la calle. “A mí esto, al lado del Ébola, me parece una tontería”, confiesa. En estos momentos, el protocolo instaurado en su centro es que al paciente que llega al mostrador con problemas respiratorios se le saque al exterior para que un médico lo valore. Luego, directamente pasa al box de aislamiento y le hacen una placa para ver si tiene neumonía. No pasa ni por el triaje. Desde hace dos días los test del coronavirus los hacen directamente en el hospital “tenemos capacidad de tomar 14 muestras diarias”, señala.

La falta de medios es una denuncia generalizada, que se extiende más allá del material de protección. Faltan profesionales, camas y respiradores para los casos graves: “Mi sensación es de estar abandonado en la trinchera. No nos importa trabajar más, ayudar en lo que sea a los pacientes, pero necesitamos más medios. Entiendo que no es que no nos los quieran dar, sino que esta situación nos ha desbordado, como hemos visto que ha ocurrido en otros sistemas sanitarios. El nuestro es excelente y por eso está aguantando, pero necesitamos más medios“, dice un cirujano de un hospital madrileño, que también reflexiona sobre la necesidad de contar con el refuerzo de los centros privados.

Más preocupante que la enfermedad en sí es la sobrecarga hospitalaria. Desde Urgencias, otro médico destaca que “hay tensión entre el personal por el trabajo, que, no obstante, está manifestando, una vez más, una responsabilidad y una vocación elogiables. Algunos colegas, incluso llaman a las 4 de la madrugada preocupados por cómo seguir haciendo su trabajo de la mejor forma posible, aunque es muy probable contagiarse”. Coincide un especialista en Enfermedades Infecciosas de otro gran hospital: “Lo que más llama la atención es cómo se está volcando la gente. Los compañeros están entregados, pero necesitamos más recursos, sobre todo más personas”.

El especialista en urgencias considera que el principal problema es que “es la primera vez que España se enfrenta a una situación de estas características. Tenemos una sanidad excelente, pero que no está preparada para trabajar en epidemias, triaje, medidas de control y de protección, tanto del personal auxiliar como incluso de limpieza, que depende de otras empresas. ¿Cuántos médicos están formados en prevención y control de infecciones?”, se pregunta.

“La gripe A fue una llamada de atención. A partir de ese caso, nos dijimos que hay que prepararse para las epidemias y no lo hicimos. Lo mejor es que esto pasará, pero lo peor es que no sé si aprenderemos para la próxima, que la habrá, porque vivimos en un mundo globalizado”.

Otro colega, también urgenciólogo en un hospital, diagnosticó uno de los primeros casos de SARS-CoV-2 de la Comunidad de Madrid y considera que “los criterios de inclusión para hacer las pruebas -haber estado en contacto con un caso confirmado o venir de China, más los síntomas pertinentes- cambiaron cuando se produjo el aumento de casos en Italia. Con los nuevos criterios de inclusión, al mismo paciente que enviábamos por la mañana a casa, de haber venido por la tarde, le habríamos hecho la prueba. Los protocolos están en constante cambio“.

Este especialista pone el símil de un restaurante: “Si todos los comensales te vienen a la misma hora, te colapsan. Con la contención no se va a reducir el número de casos, sino que se trata de evitar que todos acudan a la vez. La gente debería saber que el tratamiento de la gran mayoría de infecciones por coronavirus es quedarse en casa y tomar agua y paracetamol”.

En el centro de salud, los médicos de Familia también viven su particular batalla. “Yo echo en falta más compromiso, con medidas que son fundamentales y que no se han tenido en cuenta. A nosotros nos hace falta un apoyo institucional muchísimo mayor para medidas de contención importantes: aislamiento, mascarillas (que nos faltaban desde el principio), equipos de protección, apoyo en la educación sanitaria sobre autocuidados y autocontención”, enumera uno de estos especialistas. Son medidas que “no se han tenido en cuenta”, como la de la limpieza y desinfección en los centros de salud, “que podría haberse aumentado”.

Una médico de un centro de especialidades del Servicio Madrileño de Salud (Sermas) afirma con tranquilidad absoluta: “Ya nos llegará”. Acaba de saber que se han anulado las consultas ambulatorias y cuando ha ido a su trabajo de la tarde, en un hospital privado de Madrid, le han dicho que no estaban atendiendo a los externos. Pero ella habla con sus compañeros, que reconocen estar al límite. “Me parece muy heavy todo esto. Nosotros [sanitarios], sabiendo que esto iba a pasar, nos dijeron: no viajar, no moveros, no reuniros… Mientras, el domingo se manifestaron cientos de personas en Madrid”.

En País Vasco

Una enfermera del Hospital Txagorritxu, en Vitoria, transmite tranquilidad: el personal cuenta con protocolos e información actualizada a diario. Todos estamos preparados para cualquier contingencia como, por ejemplo, retrasar eventuales vacaciones. De momento, en el hospital no se están aplazando cirugías programadas, pero supongo que no se descartará hacerlo en el momento en que falten camas. En general, la sensación es que se están tomando medidas en previsión a que los casos aumenten mucho, desde comprar material de protección para los sanitarios a contratar más personal y alquilar respiradores. Nuestra vivencia en el hospital no es caótica, no es de colapso, sino que estamos preparados.

Así describe la situación un médico que trabaja en el Hospital de Cruces de Bilbao. “Estamos recibiendo información cada día y casi cada minuto. Los responsables tenemos hasta tres reuniones diarias, de grupos pequeños. En principio, no hay ningún problema”. Admite que han tenido un poco “de lío” con el suministro de mascarillas y que lo han solucionado poniendo una enfermera como responsable del reparto de este material. “Ningún escenario apocalíptico”.

Siguen tomando café por la mañana “pero intentamos mantener la separación recomendada”, “hemos mandado a los residentes a casa” y “eso sí, hay menos gente por los pasillos del hospital”. Las visitas a los ingresados se han restringido a una al día, por orden de la Consejería de Sanidad. También se han modificado hábitos de trabajo: “Hemos creado grupos de dos o tres personas por especialidades que funcionan sin contacto real con el resto de grupos y se comunican por teléfono”. De esta manera, aseguran que crean “diques de contención, en caso de contagio”.

La misma sensación de “normalidad” es la que transmite un médico rehabilitador de un hospital privado de Bilbao. “Estamos siendo constantemente informados y, en algunos casos, con comunicaciones que van cambiando de un día para otro”. Han suspendido los cursos de formación, no tienen reuniones de más de cinco personas, respetando la distancia recomendada. Sobre los pacientes: “Hemos notado que hay personas que no están acudiendo a rehabilitación, hay menos pacientes que acuden de manera regular.

El hospital tiene varios centenares de camas, sin ningún contagiado por coronavirus. ¿Sabría qué hacer ante una sospecha de infectado? “Tenemos un teléfono de Salud Pública donde llamar para que nos den las instrucciones a seguir”.

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