Los virus ‘dominan’ la Tierra

  Medicina deportiva

José Ramón Zarate

Josezarate
30/ 03 / 2020

El Escáner

Virus rodeando el planeta
Sólo el 1 por ciento de los virus serían patógenos

Su nombre deriva de un término griego que significa toxina o veneno, y es muy popular la definición del polifacético inmunólogo Peter Medawar (1915-1987): “Una mala noticia envuelta en una cubierta proteica”. Los virus infectan a todo tipo de organismos, desde animales, hongos y plantas hasta bacterias y arqueas, e incluso a otros virus.

Se han descrito unos 5.000, pero existen millones de ellos desconocidos. Y un cálculo muy aproximado cifra su cantidad en 1031. Son unas cien veces más pequeños que las bacterias –su principal anfitrión y medio de transporte- y la mayoría tienen un diámetro de entre 10 y 300 nanómetros. Son parásitos intracelulares y un medio fundamental de transferencia de genes. Al carecer de estructura celular, hay cierto consenso en que no son una forma de vida, sino más bien organismos al límite de la vida, que secuestran la maquinaria celular para proliferar.

“No estaríamos aquí sin ellos”, explicaba Marilyn Roossinck, de la Universidad Estatal de Pensilvania, en Knowable Magazine, autora del libro ‘Virus: una guía ilustrada de 101 microbios increíbles’ (Princeton University Press, 2016). Se conocen dos centenares de tipos perjudiciales para los humanos. Pero Roossink estima que, como mucho, solo el uno por ciento de los existentes serían patógenos. Se basa en varios estudios con los llamados virus del simio. Se han catalogado unos 80 virus simios numerados como SV1, SV2, etc. De ellos, el SV40 es el más estudiado, pues causa tumores en ratones.

La viróloga de Pensilvania muestra preferencia por los virus vegetales persistentes. Pasan a través de la semilla a la siguiente generación e infectan cada célula del huésped. Y algunos son muy beneficiosos. “Por ejemplo, el virus críptico del trébol blanco (Alphacrytovirus) afecta a la modulación de las legumbres. Y las semillas de pimienta infectadas con virus tienen una longevidad mucho mayor que las no infectadas”. Una selección natural que fue aprovechada por la agricultura primitiva. Asimismo, muchos virus de plantas confieren tolerancia a la sequía o al frío.

Tragos víricos

“Vivimos en un mundo impulsado por bacterias”, afirma Martha Clokie, microbióloga de la Universidad británica de Leicester, en la revista Inside Science. Pero “estas bacterias son manipuladas sutilmente por los virus”. La abrumadora presencia de los virus en muchos ecosistemas ha llevado a los virólogos a reconsiderar su papel en la biosfera. Lógicamente, la mayoría se encuentran en los océanos. “Si vas a nadar al mar, por cada bocado de agua entran unos 200 millones de virus, y casi todos infectan los 20 millones de bacterias contenidos en ese mismo trago de agua marina”, apunta Jennifer Brun, oceanógrafa de la Universidad Estatal de Louisiana.

Los microorganismos constituyen más del 90% de la biomasa marina, y se estima que hay 15 veces más virus en los océanos que bacterias y arqueas. Son los responsables de la rápida destrucción de algas nocivas, y ayudan a mantener el equilibrio ecológico de las algas verde-azuladas (cianobacterias) y por tanto regulan la producción de oxígeno. Alrededor del 10% de toda la fotosíntesis utiliza los productos de los genes que han sido transferidos a las cianobacterias mediante virus. De hecho, las células infectadas pueden fotosintetizar con más rapidez, según varios trabajos de Richard Puxty y su equipo de la Universidad británica de Warwick. Se cree que las cianobacterias producen una cuarta parte de todo el oxígeno atmosférico.

Virus cocineros

En una línea paralela, parece que algunos genes infectados ayudan a las bacterias a digerir los carbohidratos y las grasas. En un estudio de 2018 en Nature Microbiology, el equipo de Joanne Emerson, de la Universidad de California en Davis, encontró genes para descomponer la hemicelulosa y almidón de las plantas en virus hallados en el permafrost de Suecia. Procesos parecidos pueden explicar la descomposición de los almidones por nuestra saliva y muchos otros fenómenos relacionados con la microbiota intestinal.

El Proyecto Genoma Humano ha revelado la presencia de numerosas secuencias de ADN viral dispersas en los cromosomas: representarían el 8% del ADN humano y pueden ser restos de ancestrales infecciones por retrovirus. La mayor parte de ese ADN ya no es funcional, que se sepa, pero algunos virus amistosos han traído o modificado nuevos genes importantes en el desarrollo humano. Roossink cita la proteína sincitina de la placenta de los mamíferos, que según parece evolucionó a partir de una proteína viral. Misteriosos e invisibles, su flexibilidad biológica es tanto una amenaza como un factor clave en la evolución de la vida, con sus intrincados procesos de destrucción y construcción.

Siempre han tenido una bien merecida reputación de no ser más que origen de enfermedad y muerte, pero la vida en el planeta no sería posible sin su invisible omnipresencia.

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José R. Zárate

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